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PANCHO PELAYO: EL REGRESO DEL ÚLTIMO GRAN OPOSITOR

Hay políticos que desaparecen después de una derrota. Y hay otros que entienden que la política no se juega a una sola elección.

Francisco “Pancho” Pelayo pertenece al segundo grupo.

Después de perder la gubernatura frente a Víctor Castro Cosío en 2021, muchos apostaban a que su carrera política entraría en declive. No ocurrió. Regresó a la Cámara de Diputados, mantuvo presencia en el estado y, lejos de esconderse, comenzó a preparar lo que hoy parece inevitable: buscar nuevamente la candidatura del PAN para la gubernatura en 2027.

La apuesta no es menor.

Porque el escenario político de Baja California Sur empieza a moverse y, aunque Morena mantiene el control del gobierno estatal, el desgaste natural de cualquier administración ya comienza a abrir espacios para la crítica y el debate público.

En ese tablero, el PAN sigue siendo el único partido con capacidad real para disputar el poder.

Podrá gustar o no. Habrá quienes cuestionen sus gobiernos pasados o quienes recuerden la derrota de 2021. Pero los números electorales, la estructura territorial y la historia reciente colocan a Acción Nacional como la principal fuerza de oposición en Baja California Sur. Los demás partidos, hasta ahora, aparecen más como aliados circunstanciales o actores secundarios que como alternativas con posibilidades de encabezar una competencia por sí solos.

Y ahí es donde Pancho Pelayo mueve sus piezas.

Sabe que el tiempo juega a su favor. Mientras otros apenas comienzan a construir un nombre rumbo a 2027, él ya tiene presencia estatal, experiencia en campañas y una marca política ampliamente conocida. En una elección donde el conocimiento del candidato suele ser un activo importante, parte con ventaja dentro de su partido.

Pero esa ventaja no alcanza para ganar una gubernatura.

La elección de 2027 no será una reedición de la de 2021.

El electorado es más exigente, más informado y menos dispuesto a votar únicamente por colores o por lealtades partidistas. Hoy los ciudadanos preguntan por resultados, por propuestas y por capacidad para resolver problemas tan cotidianos como el agua, la movilidad, la seguridad o el costo de la vivienda.

Si Pelayo quiere regresar al Palacio de Gobierno, tendrá que demostrar que aprendió de la derrota. Que entendió por qué una parte importante de los sudcalifornianos optó por un cambio hace cinco años y, sobre todo, que tiene una propuesta distinta para convencer a quienes no votaron por él.

También tendrá que resolver el frente interno.

Porque las candidaturas no se ganan únicamente con simpatías ciudadanas. También se construyen con acuerdos, liderazgos y unidad partidista. Un PAN dividido le facilitaría el camino al oficialismo; un PAN cohesionado podría volver a ser altamente competitivo.

Morena, por su parte, tampoco llegará sin desafíos. El partido gobernante tendrá que administrar el desgaste de seis años de gobierno y enfrentar una sucesión que, como toda disputa interna por el poder, puede dejar heridas.

Y en política, las divisiones propias suelen ser el mejor aliado de la oposición.

Por eso Pancho Pelayo observa, recorre el estado y mantiene un perfil activo. Sabe que las campañas no empiezan cuando lo dice el calendario electoral; comienzan mucho antes, en el terreno de la percepción pública.

La gran pregunta no es si será candidato. Hoy parece uno de los perfiles más fuertes dentro del PAN para buscar esa nominación.

La verdadera incógnita es otra.

¿Le alcanzará para convencer a un electorado que ya le negó una vez la gubernatura?

Porque las revanchas políticas existen.

Pero sólo las ganan quienes entienden que una segunda oportunidad exige ofrecer algo más que el recuerdo de la primera.

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