San José del Cabo.- Entre el aroma de las flores, las notas de los mariachis y tríos, las oraciones y las lágrimas que evocan recuerdos, cientos de familias acudieron este 1 y 2 de noviembre a los cementerios de Los Cabos para honrar a sus seres queridos, manteniendo viva una de las tradiciones más entrañables de México: el Día de Muertos.
Desde temprana hora, familias nativas, residentes y hasta turistas recorrieron los pasillos de los panteones llevando flores, alimentos, bebidas, veladoras y fotografías. Algunos llegaron para limpiar las tumbas; otros, simplemente para conversar en silencio con quienes, aunque ya no están físicamente, permanecen en sus corazones.



Para Jovani Manríquez, cabeño de nacimiento, visitar la tumba de su hermano Aníbal, fallecido hace ocho años, sigue siendo un momento de profunda tristeza, pero también de amor y memoria. Le llevó cerveza, pan, dulces, cacahuates y flores, pequeños detalles que representan los recuerdos compartidos.
“Es una de las mejores tradiciones que tenemos. En el mundo entero ven cómo celebramos a nuestros muertos en México”, expresó, convencido de que recordar a quienes partieron es también una forma de mantenerlos presentes.
Ricardo, sudcaliforniano, acudió acompañado de su familia para visitar las tumbas de su madre, madrina y tíos. Entre labores de limpieza, flores y oraciones, recordó que en su hogar también colocan un altar en memoria de sus difuntos.
“Cada quien celebra diferente. Hay quienes les llevan música o comida; nosotros traemos flores, veladoras y rezamos. Lo importante es no olvidarlos”, compartió.
La música también tuvo un lugar especial. Christian Nava, originario de Los Cabos, recorrió el cementerio ofreciendo canciones para quienes deseaban dedicar una melodía a sus familiares fallecidos. Corridos, boleros y canciones tradicionales acompañaron las visitas, despertando recuerdos y emociones.



“Es muy importante que no se pierdan nuestras costumbres. Es algo muy mexicano y muy bonito recordar a nuestros seres queridos”, expresó el músico, quien relató que incluso la noche anterior hubo serenatas.
Carlos Espinoza destacó la importante participación ciudadana durante ambas jornadas, incluida la del primero de noviembre, cuando se observó mayor movimiento que en años anteriores. Señaló que las celebraciones religiosas, con misas por la mañana y a las cinco de la tarde, también reunieron a las familias.
A las afueras del panteón municipal de San José del Cabo, los vendedores ofrecían ramos de flores desde 100 pesos, aunque algunos reconocieron que las ventas avanzaban lentamente, pese al constante ir y venir de visitantes.
Así, entre rezos, música, flores y recuerdos, Los Cabos volvió a demostrar que el Día de Muertos es mucho más que una tradición: es una expresión de amor que trasciende la ausencia.
Porque en cada tumba adornada, en cada veladora encendida y en cada canción dedicada permanece una misma certeza: mientras exista alguien que los recuerde, nuestros seres queridos nunca se habrán ido del todo.


