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LA FRACTURA DE LA 4T: La unidad que quisieron vender terminó exhibiendo la guerra por la gubernatura de BCS

Si alguien todavía tenía dudas de que la sucesión gubernamental en Baja California Sur ya entró en una fase de confrontación abierta, bastó observar la conferencia de prensa encabezada por el enviado de Ricardo Monreal para disiparlas. Lo que pretendía ser una demostración de unidad terminó convirtiéndose en la prueba más evidente de la profunda división que existe entre quienes buscan convertirse en el Coordinad@r Estatal para la Defensa de la Cuarta Transformación.

Gabriel García llegó a Baja California Sur como el supuesto árbitro del proceso interno. Sin embargo, llegó tarde y, peor aún, sin herramientas para hacer valer las reglas. Él mismo reconoció que carece de facultades para sancionar, corregir o intervenir cuando alguno de los participantes rebase los acuerdos establecidos. Su papel, dijo, se limita al acompañamiento.

En otras palabras, vino únicamente como espectador de una disputa que cada día escala de tono.

La escena fue reveladora. Los discursos hablaron de unidad, respeto y compromiso con el movimiento, pero el lenguaje corporal contó una historia completamente distinta. Los aspirantes evitaron saludarse, mantuvieron su distancia durante toda la conferencia y, cuando los representantes de los medios solicitaron una fotografía únicamente con los contendientes, simplemente se negaron.

Una negativa que terminó diciendo mucho más que cualquier discurso.

La realidad política es mucho más clara que los mensajes construidos para la prensa.

Hoy existen dos bloques perfectamente definidos dentro de la alianza Morena-PT-PVEM.

Por un lado, Milena Quiroga Romero, secundada por Saúl González y Diana Von Borstel.

Del otro, el bloque integrado por Christian Agúndez Gómez, acompañado por Manuel Cota y Alberto “Cheto” Alvarado.

La disputa dejó de ser una competencia de perfiles para convertirse en una lucha por el control político del movimiento rumbo a la elección de 2027.

Pero el malestar interno va más allá de la fotografía.

Entre diversos actores de Morena comienza a crecer la percepción de que la decisión ya estaría tomada y que la candidatura podría definirse por dedazo, una versión que ha alimentado el descontento entre otros aspirantes y sus equipos políticos, quienes insisten en que no existe piso parejo para competir.

Ese ambiente de inconformidad incluso alcanzó a la propia dirigencia estatal de Morena.

La presidenta del partido en Baja California Sur, Karina González, lanzó un mensaje que muchos interpretaron como una crítica al manejo del proceso interno y a la forma en que se está conduciendo la operación política.

“La unidad no puede quedarse solo en una fotografía. Si realmente se viene a sumar, debe ser para escuchar a todas y todos, no únicamente a los de siempre. Muchas y muchos estamos cansados de esas prácticas. Morena nació para hacer política de otra manera: con participación, inclusión, respeto y puertas abiertas para todas y todos. Solo así construiremos una unidad verdadera.”

No es una declaración menor.

Proviene precisamente de la dirigente del partido que encabeza el proceso interno y refleja que las inconformidades ya no solamente son expresadas por los aspirantes que denuncian falta de piso parejo, sino que también alcanzan a la estructura partidista.

Mientras tanto, Gabriel García insiste en hablar de unidad, pero reconoce que carece de facultades para poner orden.

No puede sancionar.

No puede detener las campañas negras.

No puede impedir la guerra sucia.

No puede corregir un proceso que, para muchos de sus protagonistas, comenzó con ventajas para algunos competidores.

En los hechos, Morena envió un árbitro… sin silbato y sin tarjetas.

Las redes sociales, mientras tanto, se han convertido en el verdadero campo de batalla. Los ataques arrecian diariamente. Cuentas anónimas difunden campañas de desgaste que incluso ya han derivado en asuntos judiciales.

Aunque muchos perfiles son falsos, resulta difícil ignorar que quienes atacan a determinados aspirantes suelen promover, al mismo tiempo, la imagen de otros contendientes.

La confrontación apenas comienza.

Y conforme avance el proceso interno, la tensión seguirá creciendo.

El mayor desafío para Morena, el PT y el PVEM ya no es solamente elegir a su candidato. El verdadero reto será evitar que las heridas de esta contienda terminen provocando rupturas políticas difíciles de recomponer.

Porque la historia de Baja California Sur ha demostrado que las candidaturas también generan exilios.

Y, como van las cosas, quizá la gran pregunta ya no sea únicamente quién será el candidato de la Cuarta Transformación.

La interrogante es quién de los actuales aspirantes terminará buscando la gubernatura… bajo las siglas de otro partido.

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