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Huracán Odile: doce años después, ¿aprendimos?

La noche del 14 de septiembre de 2014, Los Cabos se apagó.

Odile golpeó con fuerza de categoría 5. Se fue la luz. Faltó el agua. Cayeron las comunicaciones. Las carreteras quedaron bloqueadas. Durante horas, Los Cabos quedó prácticamente aislado del resto del país.

Después vino el caos.

Los saqueos mostraron una de las caras más dolorosas de aquella tragedia. No sólo se llevaron alimentos y agua. Hubo quienes cargaron televisores, electrodomésticos y todo aquello que pudieron sacar de los comercios.

Odile puso a prueba al gobierno.

Pero también nos puso a prueba como sociedad.

Doce años después, la pregunta es inevitable: ¿aprendimos?

Los Cabos de 2026 ya no son los de 2014. Hay más habitantes, hoteles, colonias, vehículos y desarrollos. La ciudad creció.

La pregunta es si nuestra capacidad para enfrentar una emergencia creció al mismo ritmo.

¿Qué ocurriría si esta noche otro categoría 5 apuntara directamente hacia Los Cabos?

¿Alcanzarían los albergues? ¿Responderían los hospitales? ¿Tendríamos agua? ¿Energía? ¿Combustible? ¿Funcionaría la telefonía? ¿Podrían bomberos, policías y Protección Civil atender una emergencia de esa dimensión?

Y algo todavía más incómodo:

¿volveríamos a saquear?

Porque prepararnos para un huracán no consiste solamente en poner cinta en las ventanas y comprar agua cuando el ciclón aparece frente a nuestras costas.

Prepararse significa tener autoridades capaces de responder y ciudadanos que sepan qué hacer antes, durante y después de la emergencia.

Hoy, además, enfrentamos condiciones climáticas que obligan a mantener la atención sobre fenómenos como El Niño. Nadie puede afirmar que viene otro Odile.

Pero nadie puede afirmar tampoco que no volveremos a vivir algo semejante.

Por eso cada 14 de septiembre no deberíamos preguntarnos cuánto destruyó Odile.

Eso ya lo sabemos.

Deberíamos preguntarnos qué corregimos desde entonces.

Porque basta recordar aquella noche-madrugada: hoteles golpeados, postes derribados, comercios destruidos, familias incomunicadas y Cabo San Lucas y San José del Cabo sumidos en la oscuridad.

Esa es la imagen que debería permanecer.

Los Cabos, uno de los destinos turísticos más importantes de México, completamente a oscuras.

Han pasado doce años.

El próximo gran huracán no tendrá que avisarnos qué puede suceder.

Odile ya nos lo enseñó.

La pregunta es mucho más sencilla:

¿aprendimos la lección o estamos esperando que otro huracán venga a repetirla?

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