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Christian o Milena: la primera gran decisión de MORENA y sus aliados rumbo al 2027

La Paz, BCS.- La carrera por la gubernatura de Baja California Sur ya dejó de ser una competencia de nombres para convertirse en un choque de proyectos políticos. Con sus respectivas licencias como alcaldes, Milena Quiroga y Christian Agúndez han enviado el mismo mensaje: ninguno piensa conformarse con administrar un municipio; ambos quieren conducir el estado. El proceso interno de Morena y sus aliados será, en los hechos, una elección anticipada entre dos estilos de hacer política.

Milena Quiroga representa la continuidad institucional de la llamada Cuarta Transformación en Baja California Sur. Su principal fortaleza es haber construido una imagen de administradora eficiente, particularmente en temas de agua, infraestructura y servicios públicos en La Paz. Ha logrado consolidar un perfil técnico, disciplinado y cercano al discurso nacional de Morena. Además, llega con una estructura política bien organizada en la capital, el segundo municipio con mayor peso electoral del estado.

Pero su proyecto también carga con debilidades evidentes. La Paz sigue enfrentando problemas de movilidad, basura, inseguridad patrimonial y escasez de agua que la oposición utiliza como evidencia de que los resultados no han sido suficientes. A ello se suma una percepción creciente de que parte de su fortaleza proviene del respaldo del grupo gobernante estatal, lo que alimenta el discurso de quienes hablan de una eventual candidatura impulsada desde el poder más que desde la competencia abierta.

En el otro extremo aparece Christian Agúndez. Su activo más importante es gobernar el municipio que genera la mayor riqueza económica del estado. Los Cabos se ha convertido en el motor financiero de Baja California Sur, y eso le permite presumir una gestión enfocada en inversión, obra pública, turismo y crecimiento urbano. Además, posee un estilo político distinto: más cercano, más territorial y con mayor capacidad de interlocución con sectores empresariales, sindicales y sociales.

Su apellido también juega un papel importante. Para unos representa experiencia política y una estructura consolidada; para otros significa el regreso de un grupo político que ya gobernó bien el estado y que aún despierta simpatías y resistencias. Esa dualidad será uno de los factores que marcarán la campaña interna.

Sin embargo, Christian enfrenta retos igualmente importantes. Gobernar Los Cabos significa cargar con problemas estructurales enormes: crisis de movilidad, déficit de agua potable, crecimiento urbano desordenado y servicios públicos constantemente rebasados. Aunque muchos de esos problemas vienen de administraciones anteriores, inevitablemente forman parte del balance ciudadano.

Las alianzas también dibujan dos mapas distintos.

Milena parece concentrar simpatías dentro de importantes sectores de Morena tradicional, funcionarios estatales y cuadros que apuestan por la continuidad del proyecto encabezado por el gobernador Víctor Castro. Su discurso privilegia la institucionalidad y la alineación con la dirigencia nacional.

Christian, por su parte, encuentra fortaleza en la estructura territorial construida desde el Partido del Trabajo, en liderazgos regionales del sur  y norte del estado y en sectores económicos de Los Cabos que observan en él un perfil más conciliador con la iniciativa privada. Su capacidad para sumar actores fuera de Morena podría convertirse en uno de sus principales activos.

La diferencia entre ambos también es de estilo.

Milena comunica orden, disciplina y gobierno.

Christian transmite cercanía, operación política y negociación.

Uno apuesta por consolidar lo construido.

El otro ofrece una nueva etapa dentro del mismo movimiento.

Quizá la verdadera pregunta no sea quién tiene más posibilidades de ganar una encuesta. La pregunta será cuál proyecto logra convencer a Morena y sus aliados de que puede conservar el poder en 2027 sin fracturar al movimiento.

Porque, al final, ninguno enfrentará primero a la oposición.

El primer adversario de Milena será Christian.

Y el primer obstáculo de Christian será Milena.

La decisión que tome Morena y sus aliados no definirá únicamente a su candidato; definirá el rumbo político de Baja California Sur para la próxima década. Milena apuesta a que la continuidad es suficiente para conservar el poder. Christian sostiene que llegó el momento de renovar el liderazgo sin abandonar el proyecto. Al final, solo uno levantará la mano, pero el verdadero desafío vendrá al día siguiente: demostrar que la unidad vale más que la ambición. Porque si la lucha interna deja demasiados heridos, la oposición no necesitará construir una victoria… Morena se la habrá entregado en bandeja de plata.

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