La carrera por la candidatura de la alianza MORENA-PT-PVEM a la gubernatura de Baja California Sur arranca formalmente este lunes con el registro de los aspirantes que buscan convertirse en el relevo del gobernador Víctor Castro Cosío. Sin embargo, más allá de los actos protocolarios y las fotografías de unidad, la verdadera prueba para la Cuarta Transformación será mantener la cohesión interna durante los próximos meses.
Desde la dirigencia nacional existe una preocupación legítima: evitar que el proceso interno se convierta en una guerra de desgaste. La instrucción ha sido clara: campañas de propuestas, cercanía con la militancia y nada de confrontaciones. El problema es que la política rara vez sigue el guion diseñado desde las cúpulas.
Este lunes se registrarán el secretario general de Gobierno con licencia, Saúl González Núñez; el alcalde con licencia de Los Cabos, Christian Agúndez Gómez; el diputado federal con licencia Manuel Cota Cárdenas y la alcaldesa con licencia de La Paz, Milena Quiroga Romero. Cuatro perfiles con fortalezas distintas, estructuras políticas propias y grupos que ya comenzaron a medir fuerzas en territorio y redes sociales.
La decisión de realizar registros bajo una misma ruta política no es casualidad. El mensaje busca enviar señales de unidad y disciplina, pero también refleja el temor de que una competencia descontrolada provoque fracturas difíciles de reparar. La experiencia nacional demuestra que cuando los procesos internos se convierten en conflictos personales, las heridas suelen permanecer incluso después de que se define al ganador.
Y es precisamente ahí donde se encuentra el principal riesgo para Morena y sus aliados en Baja California Sur.
Por primera vez desde que la Cuarta Transformación gobierna la entidad, la disputa por la sucesión estatal enfrentará a grupos políticos con peso real, capacidad de movilización y aspiraciones legítimas de poder. Ya no se trata de construir un movimiento; ahora se trata de administrar intereses, liderazgos y proyectos que buscan consolidarse rumbo al 2027.
Mientras tanto, en redes sociales ya se observan los primeros síntomas de una contienda adelantada. Cuentas afines a distintos grupos han comenzado a promover campañas de contraste que, en algunos casos, cruzan la línea hacia la descalificación. El problema es que cada golpe dirigido a un adversario interno termina debilitando a la propia marca política.
La paradoja es evidente: todos los aspirantes forman parte del mismo proyecto y todos necesitarán del respaldo de los demás cuando llegue la elección constitucional. Quien resulte ganador de la encuesta requerirá de la estructura, la operación política y la movilización de quienes hoy compiten contra él o ella.
Además, existen otros actores que siguen atentos al desarrollo del proceso. La senadora Lucía Trasviña, el exalcalde de La Paz Rubén Muñoz Álvarez y el exalcalde de Los Cabos Óscar Leggs Castro han manifestado públicamente sus aspiraciones políticas. Su eventual participación podría modificar el equilibrio interno y añadir nuevos ingredientes a una competencia que apenas comienza.



Lo cierto es que la lucha por la gubernatura ya inició. Las encuestas, los posicionamientos y las operaciones políticas comenzarán a intensificarse en las próximas semanas. Sin embargo, la pregunta de fondo no es quién llegará primero a la candidatura.
La verdadera interrogante es si la Cuarta Transformación será capaz de llegar unida al momento de la definición.
Porque en política, muchas veces las elecciones no las pierde la oposición; las pierde quien se divide desde dentro.



