
Mientras la atención pública permanece concentrada en quién será el próximo candidato o candidata a la gubernatura de Baja California Sur, existe una competencia que avanza con mayor discreción, pero que podría resultar igual o incluso más determinante para el equilibrio político del estado: la sucesión en la Presidencia Municipal de Los Cabos.
No se trata de cualquier municipio. Los Cabos representa el principal motor económico de Baja California Sur, concentra la mayor generación de riqueza, el crecimiento demográfico más acelerado y el mayor peso electoral dentro del mapa político sudcaliforniano. Quien gobierne este municipio administrará no solamente el presupuesto más importante del estado, sino también el escaparate político más relevante rumbo a procesos futuros.
La reforma en materia de paridad ha modificado por completo las reglas del juego. Hoy ya no basta con encabezar las preferencias ciudadanas. Si la coalición gobernante determina que la candidatura corresponde a una mujer, automáticamente los aspirantes varones quedan fuera de la competencia, independientemente de su nivel de posicionamiento. Es una realidad jurídica que redefine las estrategias internas de los partidos.

Bajo ese escenario, un nombre sobresale por encima del resto: Gaby Montoya.
Más allá de simpatías o diferencias políticas, resulta difícil ignorar el nivel de posicionamiento que ha construido durante los últimos años. Su presencia territorial, su trabajo legislativo y el respaldo que mantiene dentro del Partido del Trabajo, particularmente con el dirigente nacional Alberto Anaya Gutiérrez y sectores de la dirigencia petista, la colocan como una de las figuras con mayor peso específico dentro de las izquierdas en Baja California Sur.
También es cierto que mantiene un evidente distanciamiento político con el grupo encabezado por la familia Agúndez. Esa diferencia, lejos de desaparecer, podría convertirse en uno de los principales factores que definan las negociaciones internas de la coalición oficialista cuando llegue el momento de construir candidaturas.
Sin embargo, la política suele premiar los números antes que las afinidades personales. Y diversos ejercicios demoscópicos difundidos en distintos momentos por actores políticos colocan a Montoya como una de las mujeres con mayor nivel de conocimiento entre el electorado cabeño. Esa circunstancia la convierte, al menos hoy, en una aspirante difícil de ignorar.
Existen otras figuras femeninas con legítimas aspiraciones: Cristina Contreras, Eda Palacios, Petra Juárez, Karina de la O y otras lideresas que han comenzado a construir proyectos propios. No obstante, el reto para ellas consiste en cerrar una brecha de posicionamiento que, por ahora, parece considerable.
Si, por el contrario, la definición de género favoreciera a un hombre, el escenario cambiaría radicalmente. Carlos Castro, Luis Armando Díaz, el doctor José Manuel Larumbe, Andrés Liceaga e incluso el propio alcalde Christian Agúndez aparecerían dentro de una competencia abierta. Aunque el presidente municipal ha evitado hablar públicamente sobre una eventual reelección, en política pocas puertas permanecen completamente cerradas.

La verdadera pregunta no es quién quiere competir, sino quién llegará mejor colocado cuando inicien formalmente las negociaciones de la alianza gobernante. En los procesos internos modernos pesan las encuestas, los acuerdos nacionales, los equilibrios entre partidos y la rentabilidad electoral. Ningún factor, por sí solo, garantiza una candidatura.
Falta todavía un largo tramo hacia 2027. Habrá nuevos actores, cambios en el escenario político y acontecimientos capaces de modificar las preferencias ciudadanas. Pero también es cierto que las grandes elecciones comienzan mucho antes de que arranquen las campañas.
Mientras el debate público continúa girando alrededor de la gubernatura, la verdadera partida de ajedrez podría estarse jugando en Los Cabos. Porque quien conquiste la alcaldía de la principal potencia económica del estado no solamente administrará el municipio más importante de Baja California Sur; también se convertirá en uno de los principales protagonistas de la política sudcaliforniana durante la siguiente década.



