
En política no hay sorpresas, sino sorprendidos.
Y el lunes por la noche hubo más de uno en Baja California Sur tratando de entender cómo la quiniela que durante semanas parecía tener dos nombres terminó entregando la primera posición a un tercero.
La disputa parecía concentrada entre Milena Quiroga Romero y Christian Agúndez. La alcaldesa de La Paz y el alcalde de Los Cabos habían acumulado reflectores, estructura y simpatías. Alberto “Cheto” Alvarado, Diana Von Borstel y Saúl González también hicieron su parte en una competencia que, por momentos, parecía demasiado predecible.
Hasta que dejó de serlo.
Manuel Cota Cárdenas apareció como el factor que muchos no estaban contabilizando.
La escena del lunes 28 de septiembre resultó casi simbólica. Milena Quiroga llegó al World Trade Center de la Ciudad de México acompañada por cientos de simpatizantes. Cota lo hizo con una presencia mucho más discreta.
Pero en política no siempre gana el que llega haciendo más ruido.
A veces gana el que consiguió contar mejor sus silencios.
La ausencia de Christian Agúndez terminó de alimentar las especulaciones. En redes sociales y grupos de WhatsApp comenzaron los festejos anticipados. Algunos incluso parecían estar celebrando una victoria que todavía no había sido anunciada.
La política tiene esas pequeñas crueldades: cuando uno empieza a festejar antes de tiempo, el resultado suele encargarse de recordar que las encuestas no se ganan en Facebook.
Y entonces vino la sorpresa.
Manuel Cota fue designado coordinador.
Hasta ahí, una historia.
Pero hay otra.
El Partido del Trabajo sostiene que existe un acuerdo con Morena para realizar una segunda medición, una llamada encuesta espejo, en la que se medirían únicamente Manuel Cota y Christian Agúndez.
Si ese acuerdo se concreta en los términos planteados por el PT, entonces la decisión del lunes no habrá sido el último capítulo, sino apenas el primero.
Y aquí está el verdadero problema político.
Porque Manuel Cota puede tener ya el nombramiento, pero Agúndez conserva una carta que el PT considera suficientemente importante como para volver a ponerla sobre la mesa.
No es poca cosa.
Tampoco es casualidad que el nombre del alcalde de Los Cabos aparezca precisamente ahora.
En política, cuando alguien no aparece en la fotografía de la victoria, pero su nombre sigue apareciendo en la negociación, significa que la historia no terminó: cambió de escenario.
El apellido ayuda, pero no gobierna
Manuel Cota llega con una ventaja que no se mide únicamente en números.
Es hijo de Leonel Cota Montaño, exgobernador de Baja California Sur y actual funcionario federal. El apellido le abre puertas, genera reconocimiento y, naturalmente, también provoca críticas de quienes cuestionan la permanencia de determinadas familias en la política estatal.
Pero el apellido puede abrir una puerta.
No puede gobernar por sí solo.
Eso tendrá que hacerlo Manuel Cota.
Y ahí estará su verdadero desafío.
Porque después de una contienda interna no basta con tener un resultado favorable. Hay que recoger los pedazos de una competencia en la que algunos apostaron todo por ganar.
Milena Quiroga tendrá que decidir qué hará con su capital político. Christian Agúndez deberá definir hasta dónde puede llegar el PT en su negociación con Morena. El PVEM tendrá que encontrar su lugar en la nueva ecuación.
Manuel Cota, mientras tanto, tiene una tarea más complicada: sumar.
Y para eso necesitará algo que durante el proceso interno fue una de sus principales características: no pelearse con todos.
Ha tendido la mano al gobernador Víctor Castro Cosío y a distintos actores de Morena, PT, PVEM y Movimiento Laborista.
También mantiene comunicación con Christian Agúndez.
Ese último detalle podría ser importante si la segunda vuelta termina siendo algo más que una declaración política.
Porque una eventual medición Cota–Agúndez ya no sería una competencia entre desconocidos. Sería el choque entre dos proyectos que ya conocen sus fortalezas, sus debilidades y, sobre todo, sus posibilidades de negociación.
Por eso conviene no confundir el nombramiento con el final de la contienda.
Manuel Cota ganó.
Eso está claro.
Pero ahora tiene que convertir esa victoria en unidad.
Y Christian Agúndez, mientras tanto, tendrá que demostrar si el segundo capítulo del que habla el PT es realmente un acuerdo político o solamente una ficha de negociación.
La diferencia es enorme.
Porque si hay segunda vuelta, la primera victoria de Manuel Cota podría convertirse en el principio de una nueva disputa.
Y si no la hay, entonces vendrá la parte más difícil: convencer a quienes perdieron de que también ganaron algo al quedarse dentro del proyecto.
La política sudcaliforniana entra así en una etapa distinta.
Ya no se trata solamente de quién ganó una encuesta.
Se trata de quién puede juntar a los que ayer competían entre sí y mañana tendrán que caminar juntos.
Manuel Cota ganó la primera batalla.
Christian Agúndez todavía tiene una carta.
Y Morena, PT y PVEM tienen ahora el problema que siempre llega después de una elección interna: hacer que los derrotados acepten la victoria del ganador sin sentirse derrotados.
Porque una cosa es ganar una encuesta.
Otra, bastante más complicada, es ganar la política.
Y ésta, señoras y señores, todavía no termina.


