Ante los grandes retos de la vida actual es conveniente recordar esta virtud que nos ayuda a mantenernos firmes
Por el Dr. Ismael Zamora Tovar, académico de la Universidad Autónoma de Guadalajara (UAG)
En nuestra vida diaria todos nos enfrentamos a retos: desde pequeñas incomodidades hasta situaciones que ponen a prueba nuestras convicciones. Frente a esto, es conveniente recordar una virtud que nos ayuda a mantenernos firmes: La fortaleza.
Los Padres de la Iglesia hablaban de ella como esa fuerza interior que nos permite mantenernos en la verdad y en la fe, aunque eso signifique ir a contracorriente. San Agustín explicaba que la verdadera fortaleza no es la dureza del corazón, sino el valor tranquilo que nace de la confianza en Dios. Dicho de manera sencilla: ser fuerte no es imponerse a los demás, sino tener el coraje de ser íntegro, es decir, vivir con coherencia y fidelidad a lo que creemos, incluso cuando el mundo empuja en otra dirección.
¿Cómo podemos vivir esta virtud en lo concreto? Aquí compartimos cinco acciones sencillas para ejercitar la fortaleza en nuestro día a día:
Decir la verdad sin miedo. A veces ser honesto cuesta, porque parece más fácil adaptarse a lo que dicen o hacen todos. Pero dar testimonio con humildad de lo que creemos es un acto de fortaleza.
No soltar la mano de Dios. En los momentos difíciles, la oración es nuestro sostén. Perseverar en ella nos da ánimo y paz, incluso cuando sentimos cansancio o dudas.
Ser coherentes en lo pequeño. La fortaleza no siempre aparece en grandes gestos, sino en lo cotidiano: cumplir con justicia, evitar la mentira, rechazar la trampa, aunque “todos lo hagan”.
Aceptar sacrificios con esperanza. A veces toca renunciar a algo que queremos, servir a otros cuando preferiríamos descansar, o afrontar problemas con paciencia. Estos pequeños sacrificios forjan un corazón fuerte.
Apoyar a los más vulnerables. Ser íntegros también significa ponernos del lado de quienes más lo necesitan: defender al que no puede defenderse, consolar al triste, acompañar al que se siente solo.
La fortaleza no es una virtud reservada a los santos de los libros, sino una herramienta de todos los días que nos ayuda a ser fieles a Cristo y a vivir con alegría nuestra fe. Ser íntegros no siempre es fácil, pero es justamente ahí donde se muestra el valor de seguir al Señor.
Que nuestra comunidad siga creciendo en esta virtud, sosteniéndose en el amor de Dios, para ser testigos valientes y alegres en medio del mundo.


