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La moneda sigue en el aire en BCS

La espera desespera. Y en Baja California Sur ya hay quienes dejaron de morderse las uñas y están pensando seriamente en empezar con las de los pies.

Se suponía que este viernes 18 de septiembre se conocería el nombre de quien encabezará el proyecto de Morena y sus aliados rumbo a la gubernatura de 2027. Pero el anuncio se fue para después.

En política sudcaliforniana, eso significa una cosa: la negociación todavía no termina.

Y mientras en Ciudad de México guardan silencio, en La Paz, Los Cabos, Comondú, Loreto y Mulegé las versiones corren más rápido que los comunicados oficiales.

La baraja no es pequeña, pero la conversación política se concentra principalmente en Christian Agúndez, Manuel Cota y Milena Quiroga. Saúl González, Alberto “Cheto” Alvarado y Diana Von Borstel también están en la contienda interna, aunque el escenario que se observa hasta ahora los coloca en otra posición.

Aquí nadie quiere soltar la silla antes de que termine la música.

Christian llega con el peso político de Los Cabos y con el respaldo público del PT, que insiste en que deben respetarse las encuestas.

Manuel Cota tiene estructura, trayectoria y un grupo político que lleva tiempo moviéndose.

Milena Quiroga tiene La Paz, presencia estatal y relaciones políticas que sus adversarios no pueden simplemente ignorar.

Y cada equipo cuenta su propia historia.

Uno dice que va arriba. Otro también. El tercero asegura que sus números son los buenos.

En Baja California Sur hasta las encuestas tienen su propia encuesta.

El problema es que la gubernatura no se gana con una fotografía del momento. Se gana construyendo una operación electoral que llegue completa al día de la elección.

Y ahí está el verdadero desafío para Morena.

Porque en esta tierra los grupos políticos tienen memoria. Las alianzas tienen precio. Las lealtades tienen historia. Y los agravios, también.

El que resulte elegido tendrá que recorrer después los mismos municipios donde hoy sus adversarios están haciendo campaña.

Tendrá que sentarse con los que perdió.

Tendrá que llamar a los que no fueron llamados.

Tendrá que convencer a los que durante meses le dijeron a su gente que ellos eran los buenos.

Y eso no se resuelve con una fotografía levantando el brazo del ganador.

En Los Cabos, donde se concentra buena parte del poder económico, político y electoral del estado, la definición tendrá una lectura especial. En La Paz tendrá otra. Y en el norte del estado también.

Porque Baja California Sur no es políticamente una sola pieza.

Es un estado pequeño, pero con grupos, regiones y apellidos que conocen perfectamente cómo se mueve el poder.

Por eso la operación cicatriz será más importante que el discurso de unidad.

Si el ganador logra sumar a los derrotados, habrá coalición.

Si los derrotados sienten que fueron utilizados, habrá cuentas pendientes.

Y en política, las cuentas pendientes suelen cobrarse cuando menos conviene.

Hay quienes incluso hablan de posibles salidas hacia otras fuerzas políticas si determinado aspirante queda fuera. Por ahora son versiones, pero sirven para recordar algo elemental: una ruptura dentro de Morena no necesariamente se queda dentro de Morena.

Mientras tanto, Milena sigue moviéndose entre Baja California Sur y Ciudad de México; Christian mantiene su operación desde Los Cabos; Cota sostiene su propia narrativa y los demás esperan que una negociación de última hora cambie el tablero.

Así funciona la política sudcaliforniana: cuando parece que todo está decidido, alguien aparece con una llamada, una encuesta, un acuerdo o una fotografía capaz de cambiar la conversación.

Por eso nadie debería cantar victoria.

La moneda sigue en el aire.

Pero hay algo más importante que saber quién será el candidato o candidata.

Habrá que ver qué queda de Morena después de que se conozca el nombre.

Porque si para construir una candidatura tienen que romper la unidad, el problema no estará en la boleta.

Estará en La Paz.

Estará en Los Cabos.

Estará en cada municipio donde un grupo político decida que la disciplina partidista termina donde comienza el agravio.

Y entonces sí, la elección de 2027 podría empezar mucho antes de que oficialmente empiece.

Aquí no sólo se está escogiendo una candidatura. Se está decidiendo quién tendrá las llaves del poder sudcaliforniano durante los próximos seis años.

Y esas llaves, como bien saben en esta tierra, nadie las entrega gratis.

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