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¿Dónde están los amigos que tuvo ayer”: Carlos Beltrán Olmeda

San José del Cabo, Baja California Sur.— La hipocresía quedó al descubierto: mientras Carlos Alberto Beltrán Olmeda tuvo poder, le sobraron amigos para pedirle favores, dinero, gestiones y respaldo político; ahora que la Fiscalía confirmó que el cuerpo hallado en una fosa clandestina de La Ballena era el suyo, a muchos de esos “amigos” les sobró silencio para fingir que nunca lo conocieron.

Para pedirle, eran amigos. Para acompañarlo en la desgracia, desaparecieron.

La confirmación oficial mediante estudios genéticos pone fin a la incertidumbre sobre la identidad de los restos encontrados en La Ballena. Ahora corresponde a la autoridad esclarecer quién asesinó al ex oficial mayor del Ayuntamiento de Los Cabos, cuál fue el móvil y qué circunstancias rodearon su muerte.

Pero queda otra historia, mucho más incómoda, que no necesita carpeta de investigación: la de los amigos que sólo fueron amigos del poder.

En vida, Beltrán fue señalado públicamente por presuntos vínculos con el crimen organizado, particularmente con el Cártel de Sinaloa. Las redes sociales lo acusaron, juzgaron y condenaron sin una sentencia judicial que acreditara esas imputaciones. El propio exfuncionario rechazó los señalamientos y el gobernador sostuvo públicamente que no existía una denuncia de esa naturaleza en su contra en Baja California Sur.

Eso debía probarlo la autoridad, no condenarlo el Facebook.

Y aquí aparece la otra hipocresía: quienes ayer presumían su cercanía ahora parecen incómodos hasta de admitir que lo conocieron.

Los que buscaban su teléfono. Los que llegaban a su oficina. Los que pedían apoyo económico. Los que solicitaban gestiones. Los que necesitaban respaldo político. Los que se beneficiaban de su influencia.

Hoy algunos callan. Otros niegan. Otros simplemente se hacen como si la virgen les hablara.

Qué conveniente resulta la memoria cuando el amigo ya no puede reclamarla.

No se trata de convertir a Beltrán en santo porque murió ni de cancelar ninguna investigación. Si hubo delitos, deberán acreditarse y sancionarse conforme a derecho. Pero tampoco se puede aceptar que los rumores fueran suficientes para condenarlo en vida y que, en muerte, la conveniencia sea suficiente para borrarlo de la memoria.

Porque la política tiene esa obscena capacidad de confundir amistad con utilidad.

Mientras hay poder, sobran los amigos. Cuando se acaba el poder, empiezan los olvidos.

La fosa de La Ballena devolvió los restos de un hombre, pero también puso frente al espejo a quienes alguna vez estuvieron cerca de él.

La pregunta queda ahí, incómoda y directa:

¿Cuántos fueron amigos de Carlos Alberto Beltrán Olmeda y cuántos solamente fueron amigos de su cargo?

La Fiscalía deberá esclarecer su muerte.

La memoria pública, en cambio, tendrá que hacer cuentas con los vivos.

Porque la amistad que sólo existe mientras hay algo que obtener no es amistad: es conveniencia con rostro humano.

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