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AYER TODOS POSABAN CON ÉL; HOY NADIE LO CONOCE, CARLOS BELTRÁN EL CAZA BACHES

Dicen que todas las personas, sin excepción, tienen un claro y un oscuro. Un lado luminoso y otro que permanece oculto. El viejo equilibrio del yin y el yang. En política, sin embargo, esa dualidad suele ser todavía más evidente: mientras el poder acompaña, abundan los abrazos, las fotografías y los reconocimientos; cuando llegan las sombras, también aparecen el silencio, la distancia y el olvido.

En las últimas horas, el nombre de Carlos Alberto Beltrán Olmeda ha trascendido las fronteras de Baja California Sur para convertirse en tema de conversación a nivel nacional e incluso internacional. No por una decisión de gobierno ni por una acción administrativa, sino por las versiones que circulan sobre su presunta desaparición y porque, en redes sociales, se difundió que el cuerpo localizado en un predio de la colonia La Ballena, en San José del Cabo, correspondería al exoficial mayor del Ayuntamiento de Los Cabos.

La historia tomó un giro aún más delicado cuando diversas cuentas de Facebook, claramente identificadas por difundir propaganda de grupos criminales, comenzaron a señalarlo como supuesto operador financiero de la célula conocida como Los Chapitos en Los Cabos, asegurando que habría perdido la vida tras desacuerdos relacionados con recursos económicos presuntamente recaudados por dicha organización.

La Procuraduría General de Justicia del Estado ha sido clara al sostener que aún no existen resultados periciales que permitan establecer la identidad del hombre localizado sin vida en La Ballena, desmintiendo así la versión que se viralizó respecto a que se trataba de Carlos Alberto Beltrán Olmeda.

En la misma línea, el gobernador Víctor Castro Cosío afirmó que hasta el momento no existe una denuncia formal por desaparición. Explicó que la única información disponible es que Beltrán Olmeda dejó su cargo durante la segunda quincena de mayo y, desde entonces, se perdió contacto con él. Incluso señaló que las autoridades no han logrado localizar a sus familiares ni a sus padres.

Mientras tanto, la vivienda donde residía en San José del Cabo permanece deshabitada. Nadie ofrece una respuesta sobre su paradero. El misterio continúa.

Lo que hace apenas unas semanas parecía una historia ordinaria de un servidor público, hoy se ha convertido en un caso rodeado de especulaciones, rumores y versiones encontradas.

Beltrán Olmeda llegó al servicio público durante la administración del profesor Óscar Leggs Castro (2021-2024) y fue ratificado en el actual gobierno municipal en el cargo de Oficial Mayor.

Durante su gestión construyó una imagen que pocos discutían. Era común escuchar comentarios positivos sobre su desempeño. Se ganó el sobrenombre del “Cazabaches”, porque era frecuente verlo, incluso durante la noche o la madrugada, supervisando cuadrillas que reparaban calles, instalaban luminarias, rehabilitaban parques y atendían diversos espacios públicos.

Frente a la opinión pública proyectaba la imagen de un funcionario cercano, eficiente y de puertas abiertas. Políticos de distintos colores buscaban fotografiarse con él. Muchos presumían su amistad. Otros hablaban de su capacidad para resolver problemas dentro del Ayuntamiento.

Era habitual encontrarlo en un conocido restaurante de mariscos de San José del Cabo, saludando con amabilidad a quien se acercara. Su trato sencillo contribuyó a fortalecer esa percepción de servidor público accesible.

Pero la política tiene memoria corta.

De un momento a otro llegó su renuncia. Abandonó las oficinas municipales. También dejó la vivienda donde residía. Desde entonces, nadie ha podido explicar con certeza dónde se encuentra.

Y ocurrió lo que tantas veces sucede cuando alguien cae en desgracia.

Quienes hasta hace poco presumían su cercanía comenzaron a borrar fotografías de redes sociales. Las imágenes desaparecieron con la misma rapidez con la que antes eran exhibidas con orgullo.

Hoy, muchos aseguran no conocerlo. Otros prefieren guardar silencio. Algunos simplemente cambian de tema.

Como en el pasaje bíblico de Pedro negando a Jesús, más de uno parece haber descubierto una conveniente amnesia.

Así funciona, muchas veces, el poder.

Mientras alguien representa influencia, abundan los saludos, las invitaciones y las sonrisas. Cuando aparecen los problemas, los teléfonos dejan de sonar, las amistades se evaporan y los compañeros de ayer se convierten en perfectos desconocidos.

Porque en política hay lealtades… y también lealtades de temporada.

Habrá que esperar a que las autoridades concluyan las investigaciones y sean los hechos, no las redes sociales, quienes hablen.

Mientras eso ocurre, queda una reflexión que trasciende el caso de Carlos Alberto Beltrán Olmeda.

La fama es pasajera. El poder también. Los amigos de ocasión duran exactamente lo mismo que los cargos públicos.

Y vale la pena recordar aquella frase del siempre bien recordado amigo Raymundo Zamora:

“La amistad se da de frente y no se anda por los rincones.”

Quizá esa sea la verdadera enseñanza detrás de esta historia que, por ahora, sigue escribiéndose entre rumores, silencios y demasiadas preguntas sin respuesta.

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